Guía

Qué perfume usar en Bogotá

«A 2.640 metros manda el frío, no el gusto.»

Un perfume que en Cartagena llena un ascensor, en Bogotá se queda pegado a la piel y no lo huele nadie más que tú. Esta guía no es teoría: está sacada de cómo se comportan las fragancias que tenemos delante. Los perfumes que se nombran son ejemplos: lo que importa es el criterio, y ese vale para cualquier fragancia, esté o no en este texto.

Lo que cambia a 2.640 metros

Cuatro cosas que hace el frío seco

01

Dura más

Las moléculas aromáticas necesitan calor para saltar de la piel al aire. El frío las retiene, así que la fragancia aguanta muchísimo más de lo que aguantaría en tierra caliente.

02

Proyecta menos

La otra cara de lo mismo: se queda cerca del cuerpo. Por eso aquí muchos perfumes admiten una pulsación más de las que pedirían en la costa sin resultar invasivos.

03

Los frescos se desinflan

Los cítricos y las notas acuáticas necesitan calor para abrirse. Sin él se quedan cortos y planos, y hay que repasarlos a media tarde.

04

Se agarra a la ropa

El aire seco de la sabana hace que la fragancia se fije a la fibra mucho más que a la piel. Un suéter de lana puede seguir oliendo tres días después.

01

Los que mejor funcionan aquí

Son los de fondo amaderado, ámbar, tabaco o resinas. Necesitan poco producto y aguantan la jornada entera.

Lattafa Adeeb es el caso más claro del catálogo: Bogotá y las tierras altas son directamente su sitio, porque el oud y el ámbar negro se sostienen sin volverse asfixiantes, que es justo lo que les pasa en climas cálidos.

Afnan Tobacco Rush aguanta la jornada entera con dos pulsaciones: el tabaco oscuro y las especias cálidas encuentran en el frío seco exactamente lo que necesitan. Y Lattafa Asad Elixir pide todavía menos: una pulsación basta, y al día siguiente sigue en la ropa. Algo que sorprende a quien viene de la perfumería de diseñador.

El más contundente de todos es Khamrah Dukhan: en Bogotá una sola pulsación llena una sala. Es una virtud si sabes dosificarlo y un problema si no; para oficina, media pulsación y nada más. En el extremo opuesto, Armaf Eter Desert Star mantiene el vetiver y el cedro limpios toda la jornada, sin esa densidad.

A ellos se suman Maison Alhambra Kismet Magic, donde el coñac y el sándalo se sostienen y la vainilla no empalaga (cosa que en la costa sí pasa), Lattafa Sherif, que se queda cerca del cuerpo y dura todo el día, y Sceptre Malachite si buscas algo más seco y sobrio.

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Los que piden más producto

Aquí es donde la mayoría concluye que un perfume «no rinde», cuando en realidad solo está mal dosificado para la altura.

Lattafa The Kingdom for Men admite una cuarta pulsación sin resultar invasivo, algo impensable en Barranquilla. Lo mismo con Rasasi Hawas Ice, que acepta una tercera, y con Qaed Al Fursan, donde el frío adelanta la madera y hace que la piña dure menos.

Armaf Odyssey Go Mango es el caso extremo: el frío apaga la fruta y deja sobre todo la madera seca. Necesita cuatro pulsaciones para comportarse como debe, y aun así no es lo que es en clima templado.

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Los que no son para Bogotá

Decirlo también es parte del trabajo. Armaf Odyssey Ba Ha Mas está construido sobre melón, sal marina y notas acuáticas: es un perfume de calor. En Bogotá se queda corto y plano. Si vives aquí y no viajas a tierra caliente, hay opciones mejores en el catálogo.

La regla general: cualquier fragancia cuyo argumento sea la frescura acuática o cítrica va a rendir por debajo de lo que promete a 2.640 metros.

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Cómo aplicarlo

Baja la dosis, no la subas. Si vienes de perfumería de diseñador, empieza con la mitad de lo que sueles echarte: la perfumería árabe está concentrada y el frío la conserva.

Aplica en puntos de calor (cuello, detrás de las orejas, interior de las muñecas), que compensan la falta de temperatura ambiente. Y no lo frotes: frotar las muñecas rompe las notas de salida.

Usa la ropa a tu favor. Una pulsación en la bufanda o el cuello del abrigo mantiene la estela mucho más que la piel. Y cuenta con el interior: lo que en la calle es discreto, en un TransMilenio a las siete de la mañana no lo es.

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Y si viajas

El mismo frasco se comporta distinto en cada piso térmico, y por eso en cada ficha explicamos cómo se porta en Bogotá y las tierras altas, en Medellín y el eje cafetero, y en la costa. No es lo mismo un Khamrah Dukhan en la sabana que en Santa Marta: allí el praliné y el ámbar se vuelven empalagosos con la humedad.

Y si el perfume que te interesa no aparece nombrado aquí, el criterio es el mismo: mira si su fondo es amaderado, ámbar, tabaco o resina, en cuyo caso Bogotá le sienta bien y pide poco producto, o si su argumento es la frescura cítrica o acuática, en cuyo caso va a quedarse corto. En la ficha de cada perfume del catálogo está su propia nota de clima, incluidos los que entren después de publicarse esta guía.

Si vas a comprar uno solo y te mueves entre climas, los de fondo amaderado y seco (Eter Desert Star o Sceptre Malachite) son los que menos cambian de una ciudad a otra.

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